Día 11
Comimos un poco de la poca comida que pudimos sacar de la camioneta y descansamos toda la noche. Al amanecer ya teníamos un plan bien establecido, iríamos hacia el norte, al limite de la ciudad, donde comienzan los montes que rodean
Salimos con precaución de la cafetería, mirando para todos lados, viendo nuestras posibles vías de escape, nuestro camino estaba libre, no se veía ningún zombie cerca, nuestro siguiente objetivo era una suburban verde a 2 cuadras, tenia las puertas abiertas así que posiblemente las llaves estarían cerca, corrimos hasta el lugar con mucha precaución, no tuvimos ningún contratiempo en llegar había algunos cuerpos tirados en el suelo pero no se movían, dentro de la camioneta no había nadie pero tampoco estaban las llaves para encenderla, si las puertas estaban abiertas alguien tuvo que abrirlas y con la llave, tendríamos que buscar el los cuerpos cerca de la camioneta, le dije a Ana que buscara con cuidado en el cuerpo tirado frente a la camioneta mientras yo buscaba en los dos cuerpos de atrás, para nuestra fortuna las llaves estaban cerca del primer cuerpo, subimos a la camioneta, coloque la llave y le di vuelta, el motor comenzó a hacer ruidos fuertes y la camioneta dio un pequeño jalón hacia adelante pero fue todo lo que se movió, el medidor de la gasolina marcaba vacío y para nuestra desgracia el ruido del motor había hecho que algunos zombies se dieran cuenta de nuestra presencia.
teníamos que dirigirnos hacia otro lado, ya no podíamos regresar a la cafetería, decidimos seguir corriendo hasta encontrar un lugar para refugiarnos o encontrar otro vehiculo que pudiera servir, corrimos por en medio de la calle evitando algunos zombies esparcidos, pero eso hacia que cada vez mas nos siguieran, atravesamos por lo menos 5 cuadras y dimos vuelta en la calle siguiente para despistar a los zombies, llegamos hasta una iglesia que tenia uno de sus portones abiertos, subimos por sus escalinatas y entramos sin pensarlo.
Cerramos el pesado portón y descansamos de nuestra carrera, dentro había un par de de ellos, una mujer ya grande con un rosario enredado en su mano derecha y el que en tiempos anteriores había sido el padre de la iglesia, un hombre también grande con túnicas blancas, los dos estaban en la parte cercana a el altar pero ya nos habían visto y fruncían la cara mostrando sus intenciones, sin pensarlo saque la pistola que pocas veces había utilizado, me acerque un poco a ellos para tener mejor puntería y de dos certeros disparos en la cabeza los mande al infierno de donde venían.
Era extraño, me estaba acostumbrando a esto, ya podía deshacerme de ellos sin pensarlo dos veces, sabia que eran ellos o yo, sabia que ya no eran humanos y que no tendría remordimiento al deshacerme de ellos, y eso no estaba bien, al final en algún momento habían sido humanos. Pero quien era yo para deshacerme de ellos así por que si, tal vez estaba perdiendo humanidad también al no sentirme culpable, o tal vez me estaba volviendo loco y cada vez me gustaba mas matar a esas cosas, eso explicaría el escucharlos hablar. Ana noto ese cambio en mi, noto que mi actitud hacia ellos había cambiado, que ya no tenia miedo de acercarme y matarlos. Eso la hizo sentirse más segura y confiada junto a mí.
Revisamos toda la iglesia para estar seguros pero no encontramos a nadie mas y subimos al lugar donde generalmente se coloca la estudiantina, un segundo piso con un ventanal enorme por donde entra la poca luz del día, desde ahí pudimos ver mejor nuestro objetivo, todavía estábamos lejos pero teníamos que llegar a las faldas del monte mas cercano. Frente a la iglesia se encontraba una gran avenida con un boulevard en el centro lo bastante grande para sustentar grandes árboles, esa era nuestra próxima ruta de escape, correr por todo el lugar hasta llegar a la autopista que lleva a la salida de la ciudad.
Ya no íbamos a perder un día mas aquí, saldríamos hoy, después de descansar un poco y tomar un poco de agua, volvimos al portón principal y echamos un vistazo a la calle, los zombies que nos seguían estaban a una cuadra, nuestra pequeña treta para despistarlos había dado éxito, no sabían donde nos habíamos ocultado y nos habían perdido el rastro. Pero estaban peligrosamente cerca y aunque no nos habían visto, cuando saliéramos corriendo seguramente se darían cuenta de nuestro movimiento y comenzarían de nuevo su caza. Teníamos que impedir que nos siguieran, volvimos dentro de la iglesia y la solución estaba ahí dentro, junto una imagen de algún santo se encontraban dos botes de pintura de aceite que seguramente se utilizaban para restauran las figuras y junto a ellos una botella llena de
Coloque un pedazo de franela el la boca de la botella y la humedecí un poco, Ana y yo salimos a la calle, me encendí un cigarro, también le prendí fuego a la franela y sin pensarlo arroje la botella de cristal hacia la horda de zombies que aun no se habían percatado de nuestra presencia, el objeto al tocar el suelo comenzó un incendio un poco menos espectacular de lo que pensaba que seria pero hizo que nuestra salida fuera mas discreta interponiéndose entre esos seres y nosotros, corrimos por todo el boulevard hacia la autopista que quedaba casi a un kilómetro, desde ahí seria mas fácil salir de la ciudad. En el camino había mas zombies que se acumulaban mientras pasábamos cerca de ellos, hasta hacer una horda completamente nueva de alrededor de 60 o 70 de ellos, conforme nos acercábamos a la autopista nos percatamos que estaba completamente llena de automóviles varados, de gente que quería salir de la ciudad al mismo tiempo pero la zona era demasiado pequeña para tal cantidad de vehículos lo que hizo imposible su huida. Llegamos al limite de la carretera y el terror nos invadió al ver tremendo espectáculo, la autopista estaba llena de zombies, mas de los que ya no seguían, había zombies regados por la autopista y dentro de los coches había mas toda la gente que quedo atrapada dentro de los coches se había convertido en un muerto viviente, era imposible salir por ahí y ahora estábamos atrapados, zombies al frente, zombies atrás y edificios en ruinas a los lados, era nuestro fin íbamos a morir y de la manera mas desagradable posible.
De pronto una voz surgió del suelo: "Hey ustedes 2 por aquí"
Alguien nos estaba llamando desde una alcantarilla a unos metros, me di cuenta al ver su ropa color verde, tome a Ana del brazo y corrimos hasta él, bajamos por las escaleras de la alcantarilla y el soldado coloco la tapa metálica que impedía el paso al fondo. Dentro había otros dos soldados mas que se identificaron como el cabo Enrique Medeiros, la cabo Jorge Antonio Romero y el Teniente Pablo Olivera del 15vo pelotón de infantería del ejército nacional, llevaban ocultándose un par de días en las alcantarillas, desde que su pelotón completo perdió la batalla contra un gran grupo de zombies que atacaron la base a la que pensaba dirigirme unos días atrás.
Ana y yo nos presentamos tambien, les contamos como habiamos llegado hasta ahi y nuestro plan de salir de la ciudad, los trs soldados tenian el mismo plan pero no habia ningun camino libre para llegar hasta alla, la salida estaba totalmente infestada de miles de zombies resultado de la oleada de gente tratando de escapar de la ciudad.
Ahora los cinco tratariamos de encontrar otra forma para salir de la ciudad.

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